A 9 años del fallecimiento de Antonio Cafiero, iniciamos una nueva etapa del Instituto.
“El destino del peronismo es el destino de la Argentina”
Antonio Cafiero
A cuarenta años de la restauración democrática, y a pocos días de una contienda electoral, la Argentina se encuentra una vez más frente a una encrucijada donde se enfrentan dos proyectos de país hacia el futuro. Uno de ellos pretende volver al pasado, expresado en dos propuestas aparentemente diferentes pero similares en el modelo de culto al poder del mercado por encima del Estado. El otro proyecto, encarnado en la propuesta de Unión por la Patria de un gobierno de unidad nacional basado en el acuerdo entre las fuerzas políticas y sociales que representan los verdaderos intereses nacionales y populares, tiene sus raíces profundas en la historia y doctrina del peronismo fundacional de Juan Domingo Perón, pero también en el legado histórico de Antonio Cafiero, de quien hoy se cumplen nueve años de su desaparición.
La idea de un gobierno de unidad nacional surge de la misma concepción filosófica de la comunidad organizada formulada por Perón en 1949, y representada en el pacto social como política de Estado, para superar el clásico conflicto entre capital y trabajo. El modelo nacional propuesto por Perón, como alternativo al capitalismo y al comunismo, fue la base de su “tercera posición”, coincidente con la Doctrina Social de la Iglesia. El Pacto Social estuvo presente en los tres gobiernos constitucionales del General Perón, y después de la restauración democrática en 1983 cabe recordar el Diálogo Argentino de 2002, que contribuyó a la salida de la gran crisis del 2001.
Pero la Argentina es un país federal, y las provincias son Estados democráticos con autonomía de gobierno. En diciembre de 1987 asumió como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Antonio Francisco Cafiero, a partir de la histórica gesta política de la renovación justicialista que permitió al peronismo recuperarse luego de la derrota de 1983. En consonancia con aquel ideario justicialista de la comunidad organizada, el sello distintivo de su gestión del gobierno provincial fue el desarrollo de una verdadera democracia participativa, cuyos pilares de política pública fueron la planificación, la descentralización, la participación y concertación social. Cafiero afirmaba entonces que “la riqueza y la diversidad representativa de una sociedad no se agota en los partidos políticos, sino que requiere de la participación de las entidades y organizaciones del pueblo, que necesitan ser reconocidas en una estructura de poder como uno de los engranajes básicos de la democracia moderna”.
La idea de avanzar en una democracia participativa, se manifestó en todas las áreas y en todos los actos de su gobierno que Cafiero denominó “Gobierno del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires”, y también iba a quedar consagrada en la frustrada reforma de la Constitución Provincial, una verdadera joya de política constitucional con un contenido profundamente humanista y social. La elaboración de las bases programáticas para gobernar la Provincia de Buenos Aires se forjaron en diversos ámbitos de participación ciudadana, a través del Plan Trienal de Gobierno. La obra pública se multiplicó a partir de la descentralización municipal, y en materia de reforma del Estado, propuso el modelo de empresa social, con participación de trabajadores y usuarios, como modelo antagónico del privatizador. La concertación política incluyó a la oposición, dejando en sus manos los organismos de control del Estado bonaerense. De todos modos, no hubo ninguna denuncia de corrupción en los cuatro años de gobierno, porque Cafiero eligió muy bien sus colaboradores, a quienes impuso su convicción de que el hombre público debe ser transparente en su vida pública y privada.
Al cumplirse los 30 años del inicio del gobierno provincial de Antonio Cafiero, quienes con orgullo fueron parte del mismo, entre ellos su hijo el recordado compañero Mario Cafiero, crearon en 2018 el Instituto Antonio Cafiero, en principio un consorcio de 15 universidades, y hoy a cargo de FUDEPA, la organización creada por el propio Antonio. Frente al desafío electoral del FDT en 2019, el Instituto Antonio Cafiero propuso la idea de que el nuevo gobierno debía incorporar al acuerdo social como una política de Estado, a través de la creación del Consejo Económico y Social, como primera expresión de una democracia participativa. El CES fue creado por un DNU por el Presidente Alberto Fernández en febrero de 2021, pero los conflictos políticos y económicos del país y la escasa convicción de la dirigencia política para un acuerdo político y social de largo plazo, han desdibujado su misión como instrumento de planificación estratégica concertada. Por otra parte, el FDT inició su gestión muy condicionado por la deuda contraída por el gobierno anterior, tuvo que enfrentar la mayor crisis sanitaria de la historia argentina, sufrió los efectos de la guerra en Ucrania y este año la mayor sequía de los últimos 100 años, todo lo cual fue generando la actual crisis inflacionaria. La inflación no es consecuencia solo de algunas decisiones del gobierno, que en todo caso fueron obligadas frente a la pandemia y la fuga de divisas, sino una respuesta del mercado frente a la incertidumbre política y la irresponsable actitud de la oposición.
La historia reciente nos dice que algunos países que sufrieron crisis políticas y económicas que pusieron en peligro la gobernabilidad y la estabilidad democrática, lograron superarlas a partir de acuerdos políticos y sociales exitosos. El Acuerdo Social puede representar el hecho político que se necesita para que la economía, la sociedad argentina y el mercado nacional e internacional recuperen la confianza en el país, pero para ello es necesario garantizar que quién gane las próximas elecciones sea capaz de convocarlo. Solo el peronismo tiene la historia, la vocación y la capacidad estratégica para lograrlo, recuperando su identidad de movimiento político y social. El próximo gobierno peronista tendrá entonces esta vez la misión de convocar a empresarios, trabajadores, y otras fuerzas políticas populares, a un gobierno de unidad nacional, para instalar una democracia participativa que supere para siempre el efecto de las traumáticas transiciones debidas a la alternancia, ya no de un gobierno, sino de un modelo de país.
En esta nueva etapa del Instituto Cafiero, recordar a Antonio Cafiero, a nueve años de su fallecimiento, es honrar la memoria del hombre que gobernó con planificación y participación popular, que si hubiera llegado a la Presidencia hubiera convocado al diálogo y al acuerdo social para instalar un gobierno de unidad nacional, para deliberar y planificar en democracia las bases de un nuevo Proyecto Nacional. Una vez más, el futuro de la Argentina se pone en juego en esta contienda democrática, y el candidato de Unión por la Patria tiene la responsabilidad y la capacidad para recoger el legado histórico de Antonio Cafiero, quién en su último libro dijo que “el destino del peronismo es el destino de la Argentina”.